SAN BLAS, OBISPO Y MÁRTIR
MISA CON LA BENDICIÓN DEL "ROLLET": 7 de la tarde.
Nació en Sebaste, Armenia, en la segunda mitad del siglo III. Al principio ejercía la medicina, y aprovechaba las visitas a sus pacientes para hablarles de Jesucristo y muchos se convirtieron. La sede episcopal de Sebaste quedó vacante y la voz común de los cristianos fue esta: nadie mejor para ocupar la sede vacante que Blas por su sabiduría y su santidad de vida. Por ello y muy a pesar suyo hubo de aceptar el nuevo servicio que se le imponía para bien de sus hermanos y la gloria de Dios.
En aquel momento se desencadenó una durísima persecución por obra del emperador Diocleciano contra los cristianos. Esta persecución fue durísima, sobre todo, en Sebaste hasta tal punto que fue llamada “la ciudad de los mártires”. También el obispo San Blas fue apresado.
El gobernador le ofreció muchos regalos y ventajas temporales si renegaba de su fe, pero él proclamó que permanecería firme en su amor a Cristo. Al ver que el santo no dejaba de proclamar su fe, decretó su decapitación. Cuando lo llevaban hacia el lugar del martirio ocurrió algo inesperado. Una mujer tenía a su hijo agonizando porque se le había atravesado una espina de pescado en la garganta. Corrió hacia donde estaba el santo. Se arrodilló y le presentó a su hijo, que se ahogaba. San Blas impuso sus manos sobre la cabeza al niño y rezó por él. Inmediatamente la espina desapareció y el niño recobró su salud.
Después de su muerte empezó a obtener muchos milagros en favor de los que le rezaban. En la Edad Antigua las gentes ya le tenían gran fe como eficaz protector contra las enfermedades de la garganta. Pidámosle a San Blas permanecer firmes en la fe y que nos consiga de Dios la salud en el cuerpo y en el espíritu.
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