24
DIC
2025

NAVIDAD - REFLEXIÓN



    Volvemos a escuchar el mensaje que nos llega cada año en la noche de la Navidad: “Hoy os ha nacido el Salvador” (Lc 2,11). Efectivamente, Dios ha venido a nosotros, y lo hace porque nos ama y espera nuestro amor. Dios es amor: no un amor sentimental, sino un amor que se ha hecho entrega total hasta morir en la cruz, comenzando por su nacimiento, que hoy celebramos. Esta es la luz que ilumina todo, esto es lo que cambia el mundo. En ese hecho, centro de la historia humana, se nos ofrece la gran esperanza: ¡La humanidad es amada por Dios irrevocablemente, rescatada y engrandecida por Él! ¡Dios, con todo su misterio inabarcable y con todo su poder de amor salvador, está muy cerca del hombre, a él se une! ¡Este es el "sí" de Dios al hombre, el más grande que se pueda dar al hombre! Ahí está la raíz y el fundamento de su presente y ahí está su futuro. 

    En Jesús, ese Niño pequeño y frágil que nace por nuestra salvación, Dios se ha unido para siempre con nosotros, con cada uno se ha implicado y se ha comprometido con nuestro destino. El amor de Dios a cada uno no tiene vuelta atrás, es fiel sin condiciones, no se cambia por el gusto del momento o por la arbitrariedad de los intereses, es más fuerte que cualquier amenaza que se cierna sobre nosotros, se extiende a todos sin límites de ningún tipo. A esto nos invitan estos días de Navidad: a sentir la cercanía del amor de Dios, a abrir de par en par nuestras puertas al Amor que llega a nosotros y lo inunda todo. Acojamos al Amor sin límites ni condiciones; no nos cerremos a Él, y brotarán entre nosotros la paz y la alegría verdaderas. En Navidad deberíamos encontrarnos insatisfechos. Contentos, pero también insatisfechos. Contentos por lo que haces Tú, insatisfechos porque nosotros podemos hacer algo más. Pon en nuestra alma el deseo de algo más.

    Hemos de encontrar en el misterio verdadero de la Navidad las fuerzas necesarias para hacer de nuestra sociedad un hogar donde los hombres sintamos la cercanía del amor de Dios y comience a atisbarse el verdadero cambio que necesitamos acogiendo este Amor y edificando juntos, solidariamente, la casa común donde se viva la verdad y el realismo de este Amor. Para que todo esto sea posible, es necesario abrirse a este "sí" de Dios con nuestro "sí" a Él, como vemos en la Virgen María, en la escena de la Anunciación. Ahí se han abierto las puertas a la esperanza, y no se cierran sí seguimos abiertos al Amor, que es Dios. El futuro, también la solidaridad que tanto urge y apremia, pasan por la apertura a Dios y la superación de todo aquello que no son sino puertas cerradas y sin horizonte alguno para el hombre.

    El mensaje de Navidad nos hace reconocer que Dios siempre encuentra un espacio: hay quienes ven su luz y la transmiten y Él sigue llamando sin cansarse en el corazón de los hombres porque sabe que le necesitamos. Es fácil sentir dentro del alma la nostalgia de un mundo más humano y feliz que los hombres no somos capaces de construir. El mundo busca «salvación» y no sabe hacia dónde dirigir su mirada. En ese Niño nacido en Belén, Dios nos regala un comienzo nuevo. Feliz y santa Navidad. Alegría, paz y bien en todos los hogares y a todos los hombres de buena voluntad, a los que ama el Señor.


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